En mi soledad te escribo, pues he decidido confesarme.
La historia ya la conoces, pues tú has sido protagonista.
Quizás convenga comenzar por el principio.
Había una vez… una princesa triste.
Sus ojos ya no derramaban lágrimas, pues se había quedado sin.
El corazón roto y el alma marchita, agonizaban de dolor.
Cuando creía que era el fin, apareció ¿el príncipe azul?
Un caballero un tanto extraño, de una grandeza increíble,
literalmente hablando.
Poseía un corazón transparente y el alma pura, sin maldad.
Una sonrisa a flor de piel y una mirada “que habla”.
Y la princesa confió en él, y pronto volvió a sonreír.
Hubo tormentas, truenos y relámpagos, pero nada los iba a detener.
Se habían encontrado y juntos, podían vencer cualquier obstáculo.
Hoy la princesa no puede vivir sin él. Se convirtió en su vida.
Y así, como en un cuento, tú eres la mía.
Porque no vivo sin ti, no respiro si no estás, no sueño si no es contigo.
Porque te amo más allá de todo y de todos, y aunque parezca triste,
quiero morir a tu lado.
Eres mi sol, mi luna, mi cielo. Mi amor, mi amigo, mi amante y compañero.
La vida sin ti no tendría sentido, o quizás si,
nunca lo sabré, ya que te tengo junto a mi.
Déjame confesarte que a pesar de los nubarrones, me haces feliz.
Y que a pesar de todo, agradezco a la vida, el haberte encontrado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario