viernes, 4 de septiembre de 2009

El fin de la inocencia...

La vida es una constante elección. Uno elige todos los días, a veces esas elecciones son insignificantes (como qué ropa ponernos) y otras tantas generan cambios si bien no drásticos, importantes.
Con el correr del tiempo, esas elecciones se afirman o nos demuestran que nos equivocamos. En el primero de los casos, el sentimiento que suele invadirnos es el de satisfacción. En el segundo, el sentimiento es, irremediablemente, el opuesto.
No sé los demás, pero a mi darme cuenta que me equivoqué me jode enormemente. Detesto sentirme así de frustrada como me siento en este preciso momento.
Durante mucho tiempo estuve enojada conmigo misma y me costó horrores amigarme conmigo. Ahora cada vez que me equivoco al elegir, ese enojo vuelve y es como volver a empezar de nuevo, otra sensación que no me gusta para nada. Quizá sea por eso que me aferro tanto a cosas y personas que no valen la pena, para no tener que volver a empezar. Porque cada vez que uno empieza, pone en juego demasiadas cosas y yo ya estoy cansada de perder.
Sé por experiencia, demasiada para mi gusto y mis cortos 27 años, que siempre que llovió, paró y que después de la tormenta siempre sale el sol, pero para una persona que no puede encontrarle grises a la vida, es complicado asumirlo en un primer momento.
Cada vez me cuesta más llorar, y cuando finalmente lo hago, mis lágrimas son de cocodrilo. De alguna manera y en algún momento me convertí en una persona dura e inflexible y hoy tengo miedo que ese cambio sea irreversible. Ya no me cuesta ponerme la careta con la sonrisa y fingir que todo está de maravillas, aunque por dentro esté gritando y quiera huir.
Como dice una canción de la mexicana Natalia Lafourcade: "Ya no soy la infantil criatura, la inocencia se acabó" y hoy más que nunca quisiera que esto no fuera así.
En fin, o en un principio, como dijo Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, mañana será otro día.

No hay comentarios: