sábado, 20 de octubre de 2012

Sueños, no tan locos

Recuerdo que hace no muchos años, mi sueño, mi meta, mi fantasía, era irme a vivir sola. Dejar de lado todas esas costumbres que me inculcó mi querida madre y hacer la mía, en otras palabras.
Allá por el 2005 se cumplió mi sueño. Mamá se iba a vivir a Funes y por una cuestión de horarios (salía del laburo a las 2am e ingresaba a la facultad a las 8am) no me quedó otra que juntar mis cositas y partir del nido materno, que me había cobijado durante mis dulces 23 años.
Encontrar departamento no fue en absoluto difícil. Zona de Pichincha, doble balcón, una habitación, living-comedor, etece, etece. Encima casi a estrenar.
Vendí mi camita marinera, compré un sommier de dos plazas y mi Madre me regaló el futón y el juego de comedor.
En Junio de ese año, junté las cajas y con ayuda de mi ex novio, partí hacia mi nueva morada. Para qué! Creo que lloré a moco tendido durante la primer semana. No podía entender como mi mamá (si, mi mamá!) me había dejado partir sin haber puesto una sola objeción.
Pasé de dormir como Batman (a oscuras) a dormir como la señorita de la película El Resplandor (con la luz encendida) y con todas las ventanas cerradísimas! Cuando me preguntaban porqué, yo decía: mirá si entra alguien! Pero quién va a entrar? El hombre araña! Y si, locos hay para hacer ensalada.
Con el tiempo le agarré el gustito, a vivir sola y a la soltería. Comía (literalmente y no tanto) cuando quería, lo que quería, si es que quería! (y como buena ciclotímica bipolar diagnosticada) a veces quería y a veces no. Así adelgacé unos 15 kilos.
Al cabo de unos años (quien dice 2 dice 3) me cansé de vivir sola y empecé (mal que me pese reconocerlo) a buscar un compañero de cuarto y cama de manera desesperada. Para qué! Se sucedieron unos muchachos que seguramente tenían algún desorden mental no establecido, y así yo, terminé empapando mis sábanas, de lágrimas y también de sangre. Así que después de llorar un río dije BASTA! Se van todos a la mierda, acá importo yo, sin mi no puedo vivir. Y empezó mi livin' la vida loca, baby. Caravana va, caravana viene, me olvidé del príncipe azul, que para ese entonces ya se había desteñido y me dediqué a besar sapos, no para convertirlos en el amor de mi vida, sino porque en cuestión de hombres soy bastante bichera (ley del embudo le dicen). Pasaron unos cuantos, y como soy una dama no voy a dar nombres ni cantidades, que lamentablemente para ellos (quizás, tal vez) y afortunadamente para mi, no dejaron huellas.
Tanto fernet, vino espumante, y huellas transparentes terminaron por hartarme, justo justo cuando aparecía él en mi vida. Sin querer y gracias a las redes sociales (Facebook un monumento te voy a hacer!) lo conocí y me enamoré. Ahora si, afortunadamente para los dos, fue mutuo. Y ese sueño de vivir sola se transformó en el sueño de formar una familia, que empezamos a construir hace casi dos años cuando llegó nuestra primer perrita, Indiana. Después se sumaron Lala y Lobo y hace 2 meses, Jojó. El depto se transformó en una casa, grande y con patio en zona sur y las huellas transparentes, en casamiento el año que viene.
En fin o en un principio, lo que fuimos nos hizo lo que somos y así juntos, construimos lo que seremos... Pero juntos, siempre juntos...

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