Amaneciste en mi almohada;
como tantas otras madrugadas, te colaste en mi sueño,
imperceptible, fugaz, imposible.
Una vez más aborrecí el maldito sonido del despertador,
que con su capricho me volvía a alejar de ti
y esfumaba la sonrisa de mi rostro.
Y la llegada de un nuevo día,
volvió a dejarme ese vacio
que ocupaba antes mi corazón.
Otra vez a la rutina de siempre,
trabajar sin sentirlo, comer sin hambre
y mirar el cielo como buscando una explicación.
Mi vida ya no es lo que era,
y sin embargo lejos estoy de querer olvidarte.
Si te olvido, quién dará felicidad a mis sueños?
Si te olvido, quién dará forma de sonrisa a mis labios?
Si te olvido, quién será el culpable de este inmenso dolor?
Si te olvido, tendré que seguir con mi vida
y aún no estoy segura de poder hacerlo.
No estoy segura de querer hacerlo.
Ojalá pudiera al menos odiarte,
desatar esa furia dormida en mi
y matar este amor, que poco a poco me consume.
Y pensar que era yo, quien creía que el amor de a uno no existía.
En fin, o en un principio, tenían razón quienes decían,
que la suma de uno y uno siempre es uno...
Uno... Yo... Sola sin vos.
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