Pasó fin de año, y me olvidé de analizar ese último semestre. Quizás estaba muy ocupada, quizás estaba dormida, quizás soñaba con futuras aventuras y olvidé que la vida es aquí y ahora.
Este veinte doce me encontró, literalmente, es la casa de mis suegros, familia adoptiva (cuándo no, yo adoptando gente!), brindando con mis cuñados, con mis nuevos sobrinos y con ese hombre tan increíble que me acompaña hace año y medio. También me encontró, nuevamente, sin trabajo (esta vez fui yo quien cerró esa puerta, para no volverla a abrir jamás, aunque a veces mi ex jefe me visita en mis pesadillas), me encontró dispuesta a los cambios, pintando un departamento, viviendo en otro y buscando una casa donde poder compartir mis futuros días con mis amores, el de dos y los de cuatro patas. Me encontró soñando despierta, planificando, queriendo vivir más que nunca. Me encontró perdonando y amigándome conmigo misma. Sin reproches, sin culpas, sin remordimientos. Me encontró ilusionada, enamorada, viva.
Ojo! No todo es color de rosa, mi amigo. De vez en cuando mi borderline vuelve a asomarse, y es ahí cuando este veinte doce me encuentra llorando sin motivos y quizás algo desmotivada. Pero lo que este año y mi personalidad nunca se imaginaron, es que me iban a encontrar haciéndole frente, sacándoles la lengua y haciéndoles leru leru.
En fin, o en un principio, no sé si crecí, no sé si maduré. Quizás haya encontrado después de 30 años, mi lugar en el mundo. Quizás finalmente, esté aprendiendo a volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario