Cómo me cuesta a veces ser feliz! Mucho más cuando me retobo y no quiero tomar los antidepresivos... Es que a veces me niego a ser feliz tomando una pastillita! Y Mauri me dice que es como con cualquier persona enferma, como alguien que es cardíaco, que debe tomar su medicación para no morirse. Si, yo tengo que tomar mi medicación para no morirme, para no matarme. Sé que suena muy dark, muy punk, y es tan real! Mirarme las muñecas e imaginármelas abiertas y sangrando, salpicando las paredes, y a la media hora, estar saltando de alegría, jugando con mis perros. Es tan fucking surrealista que la mayoría de las veces, ni yo me la creo.
He fantaseado tanto, he jugado tanto con la muerte, que hasta podría decir que le tengo más miedo a vivir que a morir. Sé que no es divertido, ni atractivo, es más, es patético. A mi no me causa gracia ser así, me doy pena, aunque a veces miro al pasado y digo: la puta madre, qué bien me fue a pesar de todo!
Fui así toda la vida, desde que tengo uso de razón, hasta que un día dije basta y terminé con un bello lavado gástrico, con médicos diciéndole a mis padres que seguramente yo era drogadicta, y yo ni siquiera podía explicar que para mi, ser así, era NORMAL! Y ahí me diagnosticaron, me dijeron: SOS BORDERLINE, que fue como decirme blablablabla... Era más simple que me dijeran: mirá loca, vos naciste en una montaña rusa y subís y bajás, y agarrás los loops de la vida, a veces con gracia y a veces te hacés la viva y te querés soltar y te llevás flor de cagazo. En tu camino hay 10.000 millones de piedras y vos te las vas a llevar a todas por delante, a veces te vas a caer y a veces te vas a romper la jeta contra el piso. Y así yo seguro entendía.
Ojo! Entender no significa aceptar. Porque no acepto un carajo, yo quiero ser normal, aunque no sepa qué carajo es ser normal. Porque así pierdo dimensión de la realidad y no sé si soy yo, o es la pastillita. Porque como ya dije antes, si dejo la pastillita, mis venas se abren y bañan de sangre las paredes, sólo en mi imaginación, pero lo hacen y con la pastillita, soy Heidi. Pedro es mi marido, los perros, las ovejitas y la pastillita sería el abuelito, que no son las pastillas del abuelo, a no confundir.
Entonces arranca una odisea tratando de descifrar quién soy, cómo soy. Si a eso le sumamos el temita de mi adopción, resulta en una crisis de identidad tamaño godzilla que me acecha diariamente y no me deja dormir.
En fin, o en un principio, a veces no obtengo las respuestas que busco, aunque tampoco pretendo encontrarlas, simplemente me desahogo escribiendo, esperando que nadie lea esto, para que no haya más personas llamándome loca o compadeciéndose de mi.
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