Hola, soy yo. La bipolar, la border, la loca, la incomprendida. Hoy no fue un buen día, y no es una buena noche. Venía bien, derechita, saltando de la alegría, pero la montaña rusa de mi vida dió un vuelco inesperado y mi ánimo se fue al segundo subsuelo.
No es un hecho aislado. Es algo que ya pasó, pasa y va a seguir pasando, una cuestión de amor, de familia.
A partir de agosto del 2000, mi vida dejó de ser normal y se sumió en una vorágine incontrolable de dolor, angustia, llanto y miedo, mucho miedo. Miedo a no saber qué esperar, a no saber reaccionar, a no saber salir. Miedo a la vida, miedo a la muerte.
Soy lo que se ve, y soy muchas más.
Ojalá pudiesen meterse en mi cabeza. Les juro que no podrían escuchar, sentir, ver o pensar del ruido que hace. Sonidos, imágenes, sueños, todo junto y mezclado como una gran ensalada rusa. Un popurrí de sensaciones encontradas, amargas y ácidas. Esa soy yo hoy: una persona angustiada.
Cuando el dolor del pecho es tan grande, que las lágrimas salen solas sin pedir permiso, es muy difícil ver la luz al final, ver al sol salir entre las nubes.
Hace 14 años que sé que después de cada tormenta viene la calma, pero es tal la angustia que cuesta esperar, la paciencia se me va al carajo, y la ansiedad toma la posta en cada aspecto de mi existencia.
En este preciso momento, quisiera estar comiendo un chocolate extra large, relleno con todo el dulce de leche de la República Argentina, eso es angustia oral, y en la heladera hay dulce de leche, pero no chocolate. No me convence, estoy angustiada, si, pero también caprichosa. Siempre lo fui, no veo porqué voy a cambiar justo en este momento.
También quisiera dormir, mucho, todo, pero no me dejan. Él no me deja caer, está para sostenerme y levantarme, como desde hace 4 años. Y así sigo, hasta que tarde o temprano se despeje el cielo.
Escribir me desahoga, me relaja, me tranquiliza. No sé si alguien me lee, si alguien comparte mis pensamientos, o descubre mi tristeza, pero me alcanza con poner en palabras escritas mi pesar.
En fin, o en un principio, una vuelta más de esta atracción peligrosa que suelo llamar vida, y que me tiene en un ir y venir constante y veloz, a veces descarriado y a veces feliz.
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