jueves, 24 de junio de 2010

Sueños no tan rotos

A veces, cuando uno es chico fantasea con el futuro y sin querer planea su vida. Cuánta ignorancia e inocencia, propias del no haber vivido aún demasiado.
Con el correr del tiempo, esas fantasías van desvaneciéndose y es la vida misma y sus vueltas infitas las que van delineando el camino.
Mi presente me indica que todos mis sueños se estancaron, que esa mujer que una vez imaginaron mis padres, volcando su deseo en mi, nunca existió.
Y es entonces cuando me pregunto: ¿dónde van los sueños cuando mueren? ¿Existe acaso algún lugar donde los sueños frustrados de los seres humanos se amontonan como arena en el mar?
Me imagino un gran almacén, donde son administrados según la temática: trabajo, amor, salud. Los mismos son analizados cuidadosamente, para luego ser devueltos a sus primeros dueños, algunas veces en forma de karma, otras en forma de pesadillas, otros con un tinte de locura y finalmente, aquellos que son reciclados y simplemente se les cambia la fecha de vencimiento.
Los primeros los vemos reflejados en aquellas personas que intentan una y otra vez lograr un resultado haciendo siempre lo mismo. Los segundos son aquellos culpables de la infelicidad de ciertas personas, que no tienen el valor suficiente de aceptar sus errores y continuar con la cabeza en alto. Los terceros se caracterizan por no importarles nada ni nadie, como diría Maquiavelo, el fin justifica los medios. Los últimos son aquellos que al no concretarse, se reformulan y se modifica el plan de acción para alcanzarlos.
¿Dónde estoy? ¿En qué grupo me encuentro? Mirando mi vida, me encuentro en una línea constante entre uno y otro. Acarreo Karmas lunares que van acumulándose en mi piel, renuevo mis sueños y cambio la estrategia esperando no equivocarme otra vez, intento cumplir algunos a pesar de todo y de todos. Me doy la cabeza contra la pared una y otra vez, a veces aprendo, otras involuciono.
En fin, o en un principio, cada mañana al despertar, descubro que algunos sueños, no están tan rotos...

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