domingo, 17 de junio de 2012

Ese proceso sentimental llamado decisión...

Una decisión es el producto final del proceso mental-cognitivo específico de un individuo, el cual se denomina toma de decisiones, por lo tanto es un concepto subjetivo. Es un objeto mental y puede ser tanto una opinión como una regla o una tarea para ser ejecutada y/o aplicada.
O eso dicen. Al fin y al cabo, qué es una decisión? Cuando uno decide sin pensar, entonces no se cumple la definición. Es algo que suelo hacer indefinidas veces. 
Para explicar un poco cómo resulta mi razonamiento, estaría bueno decir que soy como un animal abandonado. Sigue al primero que le brinda un poco de cariño. Entonces mis decisiones no se basan en un proceso mental, sino sentimental. Y el corazón se equivoca.
Conocen esa sensación de haberse equivocado? Ese sentirse defraudado por uno mismo, ese sentir no haber sido más vivo a la hora de elegir? Bueno, eso me pasó toda la vida. 
Nunca pensé demasiado. Siempre hice lo que sentí. Y en un 90% me di la cabeza contra la pared. 
Siempre sentí que había que dar sin esperar nada a cambio, pero resulta que a veces eso es cansador. Resulta que a veces eso no sirve. Porque das, no recibís y encima lo que das no convence. Entonces soy yo que doy mal o los demás reciben como el orto?
Cada vez me convenzo más que es mejor estar sola que acompañada, bien o mal, porque tarde o temprano, esa buena compañía se transforma en mala cuando hacés algo que le molesta, que no le gusta o simplemente se levanta con el pie equivocado. Y oh lalá! Una cicatriz más en un corazón que ya está demasiado emparchado. 
Para dar una imagen gráfica, es como cuando rompés un espejo. Lo podés pegar, lo podés enmendar, pero ya no va a ser el mismo. Y la imagen que refleje, va a estar distorsionada, como el corazón, es una imagen rota. No se puede olvidar, las huellas nos marcan y nos acompañan toda la vida.
 Hasta cuándo o cuánto se puede soportar? Cuántas sonrisas robadas, reemplazadas por lágrimas se pueden perdonar?
Ya es hora de sacudirme el tono gris que me acompaña, de despertar esa parte mía que todavía no murió. No más recibir cachetadas que no merezco. No más olvido. No más perdón...



No hay comentarios: